google-site-verification: google89fba5d83826b052.html Sybaris gastronomía y otros placeres-El blog de la gastronomía, restaurantes, recetas, hoteles, trucos de cocina, comidas, comida, noticias gastronómicas, vídeos gastronómicos, restaurantes de moda, los mejores restaurantes, groumet,tiendas gourmet, secretos para sibaritas, bares, coctelería, don giovanni, La Cocina de Rama, La Rotonda del Hotel Westing Palace, Madrid Fusión, Mui, La Tasquita de enfrente, Sula, Horcher, Príncipe de Viana, Hang Gang, cocina coreana, El Colmado de Urbieta, cocina dominicana, restaurante dominicano, restaurante coreano, Ni Hao, restaurante chino, Touba Lampfall, comida senegalesa, comida africana, Wakathai, comida fusion peruana, Asador de la esquina
Powered By Blogger

martes, 5 de julio de 2011



De restaurantes:
Baobab

Cabestreros, 1 (Madrid)

Guisos senegaleses que conquistan
el paladar y el bolsillo


No es la primera vez que degusto la comida senegalesa. En un post anterior tuve la oportunidad de contar mi experiencia en Touba Lampfall , otro local del barrio de Lavapiés que se ha convertido en la meca de la migración moderna. Siempre que paseo por sus calles experimento un placer sinestésico y me dejo llevar por los colores, olores y sabores de esa especie de Torre de Babel estimulante que brinda una exposición de miradas, atuendos y filosofías.

La zona es un escaparate de trenzas africanas; trajes como batiks; Waxs; baubous, con impactantes estampados, y de transeúntes paquistaníes, indios, bagladesíes, marroquíes, argelinos, libios y latinoamericanos, entre muchas otras nacionalidades, que han hecho de la antigua judería un centro de fusión irresistible también para los glotones.

Baobab (nombre de un árbol muy grande protagonista de mitos y leyendas, arraigadas en la memoria africana) es un pequeño restaurante que hasta hace no mucho tiempo estaba frecuentado casi en exclusiva por africanos. Situado entre el cruce de Cabestreros y Mesón de Paredes, tiene un sencillísimo comedor interior y dispone de una terraza muy agradable y abierta incluso en invierno. Sencillo hasta la máxima consecuencia, ofrece menos de 12 platos, todos abundantes, sustanciosos y con un toque ligeramente especiado que estimula las papilas gustativas y cuyos adjetivos más acertados son sabrosos y nutritivos.

Una de las especialidades más demandas es el Thiebou, arroz senegalés de grano muy pequeño y consistencia muy diferente a los sabores conocidos, que tiene varias versiones Thiebou Dienne (con pescado y verduras, entre las que destacan el pimiento, zanahoria, col y yuca), Thiebou Yapp (con carne y verduras) o simplemente Thiebou vegetal. El resultado es una ración enorme de arroz amarillo coronada por un guiso en el que predominan la cebolla, el ajo, el tomate, la mostaza y la salsa de limón con un ligero sabor agridulce impactante.

Otros de los platos del Baobao son el Yassa au poulet, arroz blanco con pollo marinado en salsa de cebolla; el mafe, arroz blanco con carne en salsa de cacahuete; el Chou, carne en salsa de tomate marinada con arroz blanco, y uno de mis preferidos el Thiere , compuesto por cuscús negro acompañado de un estofado de carne y verduras que no deja indiferente a nadie que lo pruebe. Para los amantes de las sopas, la Kandia es una elección imprescindible y exótica que combina salsa de pescado, aceite de palma y fruto de ocra y que se sirve con arroz blanco.

Para los menos arriesgados, el local también ofrece brochetas de pollo; Dibi -chuletas de cordero con ensalada y patatas fritas- y Firir -pescado con ensalada- pero no creo que sea la opción más interesante si se visita un sitio como éste. Sin duda, los guisos y los estofados son los platos que hay que saborear si se quiere probar la extraordinaria sazón senegalesa. Éstos tienen un toque único gracias a ingredientes como el ocra -cuyo fruto es útil para espesar y se combina bien con tomate, cebolla, pimiento, ñame, así como con curry, coriandro, orégano, limón, vinagre, cardamomo, nuez moscada y otras especies que son ingredientes muy usuales en la cocina de esta parte del mundo.

Los senegaleses casi siempre utilizan en sus guisos el aceite de cacahuete y el de palma, frecuentemente las bayas de nététou, el cani -un pimiento aromático que se deja sólo un rato en la olla- y el tamarindo, que añade un sabor algo ácido y que le da un toque magistral a sus comidas.

Los platos del Baobab rondan los 7 euros, sin duda un precio muy atractivo para una experiencia gastronómica resonante que recomiendo a todos a los que les gusta descubrir nuevas gastronomías y sobre todo culminar las tentativas poco usuales con una sonrisa de satisfacción.

martes, 5 de abril de 2011


De restaurantes
La Tasquita de Enfrente

Calle Ballesta, 6
Madrid

Cocina de mercado con productos selectísimos

¡Al fin he probado La Tasquita de Enfrente! Hacía mucho tiempo que quería conocer su renombrada exquisitez culinaria pero las escasas ocho mesas del local convertían mi intento en una labor casi imposible. Para visitarlo es necesario reservar con muchos días de antelación no sólo por su tamaño sino también porque su cocina se ha convertido en una especie de Capilla Sixtina para los amantes de la gastronomía que rinden culto a la excelencia del producto.

El establecimiento es propiedad de Juanjo López, quien recientemente abrió el Mui, dedicado a la tapa de calidad y también ubicado en la calle Ballesta, en el barrio Triball -cerca de Gran Vía-. La Tasquita de Enfrente tiene una clientela distinguida y exigente que reincide y ha hecho de este restaurante un sitio de referencia.

El espacio consta de un largo pasillo escoltado por una barra que conduce al comedor. Acogedor, recibe a los clientes con un aire íntimo que recuerda una casa, sensación que se incrementa cuando nos damos cuenta de que la única carta está en la puerta. El maître asiste a cada mesa para rezar los platos que, en su mayoría, se ofertan en función de la temporada y de lo que se compra diariamente en el mercado. Los precios se desconocen hasta la hora de pagar, un riesgo ineludible si no se quiere prescindir del supuesto glamour para preguntar por ellos.

La oferta es más bien corta pero la especificidad con que se describe es, desde el principio, una garantía del cuidado en su selección. Abrimos la velada con un singular paté de morcilla con calabaza para untar en focaccia (pan plano con aceite de oliva), un buen abrir de boca. Seguimos con una especialidad de la casa de fama renombrada: la ensaladilla rusa con erizos del mar. Buena pero menos impactante de lo que pensaba dio paso a unos inolvidables cardos rojos estofados con alcachofas fritas y trufa sobre un caldo tibio que, a medida que pasan los días, concibo como lo más sabroso que he probado en mis últimos meses de incursiones gastronómicas.

Entre otras opciones de entrantes destacan la calidad inestimable de las almejas salteadas a la marinera, la célebre hamburguesa de carabineros, los pulpitos salteados, las colmenillas con crema de foie y nata y los berberechos al vapor con sake y salicornia.

Como segundo plato probamos la raya a la mantequilla negra con alcaparras. Un pescado de mares fríos y templados que no tiene una tradición gastronómica demasiado extendida en España –al contrario que en Francia- pero al que este local le ha sacado el máximo partido. La receta de Juanjo es heredera de la usanza gala, la raie au beurre noir (raya con mantequilla negra), que hoy en día se realiza con beurre noisette (mantequilla avellana o morena), nombre que hace alusión al color y al sabor de la emulsión al derretirse. El resultado es un auténtico majar, perfectamente presentado y cocinado.

Estábamos seguros de que los siguientes platos no conseguirían eclipsar al pescado pero llegó a nuestra mesa la carrillada de ternera. Suave, suntuosa y sabrosa conquistó nuestro paladar. Otros platos principales que merece la pena probar son la ventresca de atún al horno con pisto, las cocochas de merluza rebozadas y las especialidades de caza (pichón de bresse, becada...), con perdón del Horcher.

La oferta de postres, también corta y deliberadamente tradicional, incluye una torta de un pueblo de Valladolid, la torrija (el postre más famoso del local que en esta ocasión es horneada) y un tiramisú de castañas sublime.

La carta de vinos muy acertada por su despliegue de una buena selección de caldos españoles y franceses y de champagnes y vinos dulces de varios países.

Mi experiencia en La Tasquita de Enfrente ha resultado interesante y placentera aunque algo desorbitada por los precios -unos 80 a 90 euros por comensal-. La atención al cliente a la altura de la cuenta, sin caer en la pose estirada de muchos restaurantes de este nivel y que resulta peculiar por Abraham, un encargado a quien muchos confunden con Boris Izaguirre y que merece la pena conocer.

Una visita recomendada siempre y cuando se aprecie la calidad extraordinaria de la materia prima por encima de la variedad y el exotismo.

viernes, 25 de febrero de 2011


De restaurantes
Mui

Calle Ballesta, 4
Madrid

El placentero reencuentro con la tapa tradicional bien hecha

Mui es un pequeño local de tapas tradicionales, con un toque de nuevas tendencias, que el boca a boca comienza a convertir en uno de los blasones de la oferta sibarita madrileña. Aunque minimalista y muy actual en su concepto decorativo, este establecimiento emana autenticidad por donde se mire y se pruebe. Está ubicado en las entrañas de un barrio peculiar que los hippy pijis o hippy chics llaman Triball (Triángulo de Ballesta), aledaño a la Gran Vía. Miu convive en una zona en pleno cambio, con una incombustible renovación neomoderna de tiendas con conciencia ecológica, plataformas de nuevos diseñadores y galerías de arte pero que conserva una mezcla urbanita de clubes de alterne, mestizaje y nostalgia castiza.

El nacimiento del Mui viene de la mano de un veterano y reconocido economista reconvertido a excepcional restaurador, Juanjo López Bedamar, quien junto a su mujer y excelente anfitriona, Mercedes, regentan La Tasquita de Enfrente , en la misma calle. Mui tiene muchos aciertos, entre ellos, el de recuperar las tapas de toda la vida dentro de un concepto actualizado que huye del estilo de los nuevos bares de tapeo de malísima calidad y vocación de franquicia -aunque no lo sean- que impregnan la ciudad y calles tan emblemáticas como Cava Baja, por citar solo algunos ejemplos del centro de Madrid.

Sólo distrae la vista de los platos, la variopinta clientela y una pared con dedicatorias, dibujos y garabatos a mano de muchos de los mejores cocineros españoles que han visitado el lugar. El establecimiento se compone de una barra larga divida en tres áreas: la primera ofrece productos del mar como ostras gallegas, mejillones, anchoas, latas de conserva Ramón Peña al estilo de las tabernas antiguas… La segunda muestra quesos y embutidos italianos (salami, bresaola, finochiona… ) de la casa Negrini -sorprendentemente no hay producto español pese a su calidad- , seguida de una zona, al fondo, destinada al show cooking y que el propietario ha definido como un lugar para invitar a sus amigos a cocinar e incluso un espacio para impartir clases. En esta zona, todavía en período de ensayo, se preparan, a la hora de la comida, recetas sin periodicidad fija, entre ellas, milhojas de foie con manzana verde, tataki de pato con vieiras en ají, etc.

La carta ofrece verdaderas delicias clásicas que conquistan por su ejecución y cuyos precios oscilan entre los 2 y los 7 euros, a excepción de las gambas al ajillo que valen 12 euros. Las patatas bravas, sin salsa de tomate, son un ejemplo: hervidas con su piel, fritas y humedecidas en una salsa emulsionada de agua de cebolla, guindilla, pimienta negra y ajo, convencen plenamente. Especial mención merecen: las croquetas, casi líquidas por dentro y crujientes por fuera; los incomparables palitos de berenjenas rebozados acompañados por una salsa de miel y mostaza; los torreznos crujientes servidos como yema de huevo salpimentada para mojar y las minihamburguesas, hechas a base de un magnífico steak tartar. La oferta también contempla ensaladilla, tortilla de patatas, champiñones, gambas al ajillo, mollejas de cordero, pincho moruno, oreja a la plancha…

Además, diariamente al mediodía se ofrece un plato del día, a 7,50 euros, que rinde homenaje a la cocina de toda la vida: los martes, lentejas con codorniz o chorizo; los miércoles, marmitako de bonito; los jueves, patatas con costillas y los viernes cocido

Imposible renunciar a los postres, a 5,50 euros la ración. Se trata de creaciones del laureado pastelero y chocolatero español Oriol Balaguer que cierran con broche de oro la visita a Mui.

La oferta de cerveza es escasa pero apuesta por la calidad con una gama de Brabante, una cerveza española fabricada en Flandes. También dispone de champanes Ruinart y Delamotte y de una corta pero muy seleccionada carta de vinos españoles, franceses, italianos, australianos etc. que se pueden ordenar por copas y botellas.

Después de una placentera degustación, el Mui nos reserva una maravillosa sorpresa: Las variedades de café que sirven se preparan con la máquina de Nespresso... en fin qué más se puede pedir.