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miércoles, 25 de agosto de 2010


De restaurantes:
A Pachanga

Avda. Castelao, 29 (Muros - A Coruña)

Tapeo enxebre en las rías gallegas

Galicia tiene fama de ofrecer excelente comida pero no precisamente por consagrarse como un templo de las grandes “deconstrucciones culinarias” -como diría Ferran Adriá- sino por hacer gala de una materia prima de gran calidad que encuentra su máxima expresión en la aparente simpleza de su preparación. Los gallegos apuestan por recetas tradicionales con la garantía de respetar los consejos de las abuelas sin, por lo general, hacer concesiones a las tendencias experimentales que predominan en otras cocinas.

Aunque, en su conocida faceta de gastrónomo, el escritor Álvaro Cunqueiro afirmó que el pato a la naranja se inventó en Ribadeo, la buena comida gallega soporta pocas innovaciones. La nobleza de sus pescados y mariscos, además del carácter de las carnes, verduras y legumbres de sus huertas no necesitan muchas filigranas para que el paladar disfrute de auténtica fiesta de sabores puros, enraizados y placenteramente antiguos.

Comer en Galicia es una experiencia familiar, abundante, pero sobre todo con un aire maternal y casero que consigue sorprender por su sencillez y sabia combinación. A Pachanga es uno de esos muchos establecimientos de tapeo que se encuentran en la costa gallega y que una vez conocido se convierte en un punto de peregrinación para locales y visitantes. Enclavado en pleno paseo marítimo de la hermosísima villa marinera de Muros, se presenta como un establecimiento sencillo y pequeño, de bancos y mesas de madera alargadas, y un servicio como dirían algunos “de andar por casa”. Con cierto aire a taberna de marineros, también dispone de una agradable terraza desde donde se perciben aromas intensos que invitan a entrar.

La carta apuesta por platos y tapas de productos de la ría que encuentran en el caldo de grelos, servido en una taza de barro humeante, un excelente entrante o plato de cierre como acostumbran los lugareños. El pulpo a feira es una de las especialidades de la casa. Suave, blando, sustancioso, servido sobre una fuente redonda de madera y rociado por un buen aceite de oliva y pimentón en polvo, es una auténtica delicia. Los langostinos a la plancha son grandes y muy sabrosos, adobados con ajo y perejil impiden no dejar enteras ni las cabezas mientras los calamares a la romana, pequeños y tiernos, compiten en calidad con los preparados en su tinta bajo una receta secretísima e inigualable que estimula las palpitaciones en cada bocado.

Otro de los aciertos de A Pachanga son las sardinas asadas, uno de los pocos alimentos que se permite cocinar con la escama y con la tripa, que en este local es un majar que se debe comer con las manos y sobre un gran trozo de pan gallego que impregnado con la grasa natural del pescado es sencillamente delicioso. Para los más sibaritas, la vieira es una elección acertada. Gratinada en una salsa también secreta, cuyo sabor desvela ajo, cebolla y pimiento rojo, y acompañado por un buen albariño es uno de los platos estrella de la casa.

La sazón de las almejas a la marinera descubre la razón por la cual este molusco encuentra en esta región de España un hábitat excepcional. Su frescura resaltada por un jugo de cebolla, ajo, laurel, guindilla, perejil, pimentón dulce y vino blanco aportan un sosiego inestimable al paladar.

Los amantes de la carne tienen varias opciones entre las que cabe resaltar tres: el jamón asado; el raxo, trocitos de lomo de cerdo pimentonado -propio de las zonas costeras del norte-; la zorza, lomo de cerdo adobado, o un chuletón de ternera gallega muy apreciado por sus características (terneros de menos de diez meses, de raza rubia, alimentados tradicionalmente con leche materna, forrajes y concentrados de origen vegetal). Todos estos platos acompañados de patata gallega frita, tubérculo considerado como uno de los mejores del mundo por la calidad de sus cultivos.

Para cerrar con broche de oro nada mejor que la tarta casera de queso gallego arzúa- ulloa, absolutamente artesanal y sorprendente, que cortejada por un chupito de aguardiente de hierbas, hacen una comunión perfecta… eso sí siempre que el orujo esté convenientemente enfriado. En fin ¡viva Galicia!

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