google-site-verification: google89fba5d83826b052.html Sybaris gastronomía y otros placeres-El blog de la gastronomía, restaurantes, recetas, hoteles, trucos de cocina, comidas, comida, noticias gastronómicas, vídeos gastronómicos, restaurantes de moda, los mejores restaurantes, groumet,tiendas gourmet, secretos para sibaritas, bares, coctelería, don giovanni, La Cocina de Rama, La Rotonda del Hotel Westing Palace, Madrid Fusión, Mui, La Tasquita de enfrente, Sula, Horcher, Príncipe de Viana, Hang Gang, cocina coreana, El Colmado de Urbieta, cocina dominicana, restaurante dominicano, restaurante coreano, Ni Hao, restaurante chino, Touba Lampfall, comida senegalesa, comida africana, Wakathai, comida fusion peruana, Asador de la esquina
Powered By Blogger

sábado, 18 de diciembre de 2010



De hoteles
Asia Gardens
Avda. Eduardo Zaplana
Rotonda del Fuego
Costa Blanca - Alicante

Un edén asiático en las entrañas de Alicante

Nada más cruzar la garita del exclusivo resort Asia Gardens se traspasa la barrera real del espacio. A partir de ese momento, la sensación de estar en Tailandia es tan intensa que incluso se llega a experimentar un amago de jet lag. Este referente del turismo de lujo, que acaba de ganar la mención de Mejor Hotel de Lujo con SPA de Europa en los premios anuales Condé Nast Johansens, se extiende a lo largo de 370.000 m2. Emplazado a 150 metros sobre el nivel del mar, en las laderas de Sierra Cortina, está situado en una pequeña montaña rodeada de árboles a cuyos pies se vislumbra el skyline de Benidorm, ciudad que abraza la Costa Mediterránea y que algunos definen como la "Dubai española".

Pasear por las áreas verdes del Asia Gardens es un auténtico placer. Perderse por sus caminos serpenteantes con pequeños puentes de madera sobre estanques, donde el agua y en especial su sonido son los protagonistas, induce a un estado de relax indescriptible, sobre todo si se visita en temporadas alejadas del multitudinario verano.

El hotel, de la cadena Barceló, fue inaugurado en 2008 y concebido con tecnología ecológica. Está construido y decorado con piezas procedentes de la India y Tailandia. Tiene 312 habitaciones rodeadas de jardines orientales con un diseño paisajístico repleto de plantas exóticas, bonsáis, lagunas con peces naranja, cascadas y siete piscinas, dos de ellas climatizadas en el exterior.



Las piscinas no climatizadas están rodeadas de hamacas y camas balinesas. Acopladas mediante una traza de niveles de diferentes alturas, su diseño de “borde infinito” hace que parezca que el agua se funde con el cielo del horizonte o del mar, según el ángulo.

Te costará salir de la habitación…

Las habitaciones son diferentes según su tamaño, nunca menor de 30 m2, y algunos aspectos de su decoración y situación dentro del resort. Las más sencillas, si se pueden llamar así, rondan los 200 euros la noche y las suites entre 550 y 1.500 euros.



Elegantes y cómodas, disponen de terraza con vistas al mar, a los jardines o al pinar que rodea el hotel y muebles de estilo balinés que dotan de exotismo la estancia. También tienen conexión WiFI, acceso para el i-pod, DVD y Televisión de LCD 32.

Mención aparte merecen las camas king size (2m x 2m), con ededredón de plumas y sábanas de algodón de 300 hilos, y el baño de estilo japonés con bañera separada de la ducha y semincorporada a la habitación. La verdad es que si no fuera por las demás atracciones del hotel, no apetecería salir de la habitación.

El Thai Spa, una de las joyas de la corona

El Thai Spa del Asia Gardens es un centro de relax para el cuidado del cuerpo, la mente y el espíritu. Sus profesionales provienen de la escuela del templo Wat Po, la más reconocida de Bangkok, y ofrecen varios tipos de masajes -tailandés (Nuad Thai), ayurvédico, balinés, reflexología, entre otros- así como diferentes tratamientos de belleza y terapéuticos que buscan el restablecimiento del equilibrio tanto físico, energético como psíquico.




Es preferible reservarlos con antelación. Su coste varía según su duración y naturaleza y suele rondar entre los 90 a 160 euros por sesión. Se realizan en diferentes estancias perfectamente decoradas, con camas estilo tatami o camillas de masaje, y ambientadas con iluminación relajante, música y aromas para que la experiencia sea absolutamente genuina. Los espacios disponen de acceso directo al jardín y de una piscina climatizada interior y exterior, baño turco, jacuzzi al aire libre y un fitness center para ejercicios tonificantes y cardiovasculares.

Mi estancia de cinco días en el hotel, dentro de un programa llamado Thai Experience, incluyó, además de masajes, el alojamiento con desayuno y provechosas sesiones de Qi Gong (Chi Kung) con un profesor extraordinario. Esta práctica milenaria consiste en movimientos suaves y armoniosos, combinados con técnicas de respiración, destinados a potenciar fuerza física, energética, mental y espiritual y a fortalecer los órganos internos, los huesos, las articulaciones y los músculos. También ayuda a la relajación y al control del estrés entre muchos otros beneficios. Una auténtica delicia. Los precios de este programa suelen rondar para cuatro días entre 900 y 1.300 euros por persona aproximadamente, dependiendo del tipo de habitación y la temporada.

El Wai Prah es solo el comienzo

Gran parte del personal del hotel es asiático, aunque también hay españoles. Una de las curiosidades que más llama la atención nada más entrar es su atuendo, todos visten con traje tradicional tailandés y saludan con el Wai Prah , que consiste en la unión de las palmas de las manos entre el pecho y la frente con una leve inclinación de la frente y, por supuesto, una sonrisa.

Siempre a disposición del cliente, el equipo humano del Asia Gardens es extraordinariamente eficiente y atento, digno de un hotel de cinco estrellas. Sin duda, el Asia Gardens es una visita que merece la pena recomendar y repetir porque, además, los precios de las habitaciones más sencillas, que rondan los 200 euros la noche en temporada media, compiten con gran fuerza con otros hoteles de este tipo como su vecino el Villaitana o el Abama en Tenerife, por nombrar sólo un par.

Su talón de Aquiles, los restaurantes

El hotel cuenta con un servicio bufet de desayuno variado, generoso y de gran calidad, sin duda uno de los mejores que he probado en establecimientos de esta categoría. También tiene cuatro restaurantes: Udaipur, tipo bufet; In Black, con gastronomía internacional; Palapa,con especialidades mediterráneas y Koh Samui, asiático fusión. Este último, que por su cocina oriental debería ser el más representativo del resort, goza de una prestación de sala estupenda pero decepciona por la calidad y presentación de sus platos.


Aunque no me dio tiempo de probar todos los restaurantes, no parecen ser lo mejor del hotel como tampoco lo es la carta para el servicio de habitaciones, que dispone de una oferta muy corta y poco exquisita para la excelencia del establecimiento. Un detalle que el hotel debe remediar cuanto antes porque merece una restauración que haga honor al resto de las no pocas excelencias de este espléndido establecimiento.


Una escapada a cuerpo de rey

Si se busca desconectar, descansar y tener una vivencia revitalizante en un refugio de lujo, a precios relativamente accesibles para un poder adquisitivo medio, se encontrarán pocos hoteles como éste en España, un destino turístico en sí mismo del que nunca apetece salir.

lunes, 8 de noviembre de 2010


De restaurantes
Don Giovanni

Paseo Reina Cristina, 23
Madrid

Mi reconciliación con Don Giovanni

Mi tercera visita al Don Giovanni, el italiano de moda de Madrid que también cuenta con sede en Marbella, me reconcilia con su cocina. Esta trattoria sencilla, ruidosa, no muy cómoda, casi escondida y situada en una zona donde es poco habitual encontrar restaurantes con este poder de convocatoria (cerca de la Plaza Mariano de Cavia) presume de tener lleno total y contar con una clientela muy distinguida. No es extraño encontrar a políticos, empresarios, artistas... que disfrutan de un ambiente de “andar por casa”, por unos 50 a 60 euros por comensal, que si de algo puede presumir es de un servicio de sala magnífico.

A pesar de ser un establecimiento omnipresente en las críticas gastronómicas y en el boca a boca de los asiduos a la restauración madrileña, no me había cautivado. Tal vez porque al hablar de pasta, siempre y cuando se cuente con buena materia prima, se consiga el punto de cocción adecuado y una buena salsa, es difícil descubrir un restaurante que destaque especialmente.

Un italiano es malo, correcto o impresionante, es muy difícil encontrar otros matices. En el caso del local del siciliano Andrea Tumbarello, me había parecido correcto pero en ningún momento me había deslumbrado. Tampoco colmó las expectativas que me habían alimentado algunos medios de comunicación, que abrazan con entusiasmo la excelente labor de relaciones públicas de Tumbarello, quien no duda en visitar personalmente cada mesa del local para saludar a sus clientes y hacer gala de su simpatía avasallante.

No obstante, el destino me ha vuelto a llevar al Don Giovanni y me doy cuenta de que a medida que escudriño en su ingente carta -con más de 80 tipos de pasta-, guarda secretos muy interesantes. Para apreciar su oferta hay que revisitarlo y probar. En mi opinión éste es el problema, una oferta inmensa, que ocupa más de cuatro páginas de carta, de una asertividad desigual. En Don Giovanni se pueden comer ensaladas, pizzas, muchísimos tipos de pasta fresca o seca, antipasti, risotti, algunos platos de carne entre los que abundan los scaloppine, el entrecot y el solomillo, y sugerencias, que reservan lo mejor de la casa.

Para empezar tomamos la burrata pugliese, una mozarella fresca que consigue sus filamentos mantecosos gracias a que se sumerge en suero lácteo caliente al final del proceso de maduración. Adobada con en aceite de oliva, pimienta, orégano y un toque de salsa picante, estaba exquisita. La acompañamos con una pizza con tomate, mozarella ahumada y láminas de trufa aestivum, cuya masa fina y crujiente tenía un excelente punto de horneado, y con mortadela bandolin, un detalle de la casa ineludible.

Con los entrantes me fui dando cuenta de que en esta nueva visita al Don Giovanni mi experiencia estaba siendo placenteramente diferente. Me emocionaron los ravioli de corso con mantequilla, salvia, aceite de trufa y parmesano, así como también los tortelli de calabaza con queso scamorza gratinado. Recuerdo que la primera vez que cené allí probé los famosos spaghetti carbonara auténticos, sin nada de nata como manda la tradición. Preparados en la mesa, la pasta se mezcló con la yema de huevo antes de servirse, con careta de cerdo en vez de bacón y se coronó con pimienta negra recién molida. A pesar de todo, los spaghetti me parecieron insulsos y me produjeron una decepción absoluta.

En esta ocasión, destacables los panzeroti con setas, aceite de trufa, nata y parmesano pero absolutamente gloriosos el sabor y el aroma de los tagiatelle con trufa blanca que ralla el propio camarero sobre la pasta humeante y frente al comensal.

También remarcables los spaguetti al pesto y los linguine ai frutti di mare, aunque no son los mejores que he probado. Poco contundentes los fagottine de crema de pera y queso gorgonzola de mi primera visita pero extraordinaria la textura del grano y la cremosidad del risotto allo champagne de mi segunda.

Los postres son caseros. El más promocionado de la casa es el tiramisú, realmente bueno. También se ofrece una razonable variedad de tartas, entre la que recuerdo con especial placer la de dulce de leche que compite con el cannolo siciliano y los helados y sorbetes, el de albahaca con campari es sorprendente.

El Gin & Tonic del Don Giovanni,
extravangancia deleitosa para los sentidos


Lo que nunca se debe hacer si se visita el Don Giovanni es marcharse sin probar sus Gin & Tonic, el cóctel de moda. La popularidad de esta bebida es internacional y no deja de crecer, quién se lo iba a decir a sus inventores holandeses que la recomendaba por sus efectos medicinales. La variedad de sabores de la ginebra es infinita. No existen reglas para la medida de sus ingredientes ni para la forma de madurarla, cada marca es un universo de embocaduras. Hay que experimentar hasta escoger la que nos seduzca.

Básicamente se trata de grano destilado de trigo o centeno, aromatizado con bayas de enebro, pero a partir de este principio las fórmulas son tan variadas como secretas (cáscara de naranja, limón, anís, canela, regaliz…). Lo importante a la hora de disfrutar de una buena ginebra es que sea premium porque los aromas botánicos se incorporan en su última destilación y ello le confiere una personalidad extraordinaria.

Comprobé personalmente que el Gin & Tonic del Don Giovanni es sublime. Irwin Valencia, sommelier del restaurante, tiene en su barra más de 30 ginebras y hace gala de una técnica parsimoniosa que confiere al cóctel de gran sofisticación. Su método de preparación varía levemente en función de la ginebra que prefiere el cliente, aunque siempre la acompaña de la tónica Fever Tree. Sobre la mesa ginebra, tónica, rodajas de naranja, limón y lima, hielo preparado con tónica y agua mineral, encendedor, cuchara coctelera y copas de balón.

El espectáculo comienza cuando el camarero llena la copa de hielo, le da vueltas hasta enfriarla y vuelve a depositarlo en la hielera. Seguidamente, dobla la cáscara de limón con la parte verde hacia fuera y la presiona mientras acerca el fuego del encendedor para estimular su aceite esencial y exprimirlo ligeramente dentro de la copa. Frota las cáscaras en su borde para aromatizarla y luego sirve la ginebra muy fría y los hielos. Inmediatamente inclina la cuchara coctelera dentro de la copa y deja que la tónica se escurra por su extensión, de manera que disminuya la proporción de gas carbónico antes de chocar con la ginebra, y la remueve ligeramente. Exquisito y digno de repetir muchas veces.

jueves, 30 de septiembre de 2010


De restaurantes
Príncipe de Viana

Manuel de Falla, 5
Madrid

Distinción y buen comer
con un recetario tradicional de alta cocina


Comer en el Príncipe de Viana es ante todo reconfortante. Su cocina reconcilia el paladar con los productos vasco navarros de siempre y nos recuerda a los más aventureros, gastronómicamente hablando, que la cocina tradicional debe tener un sitio irremplazable en nuestra mesa.

La oferta de este restaurante, arropada con las innovaciones justas, consigue su toque de sofisticación en la nobleza del género, impecable desde cualquier punto de vista, y en un servicio de sala exclusivo prestado por auténticos y generosos anfitriones de la restauración, de esos que cada vez escasean más en las plazas gastronómicas de la ciudad. Entre ellos destacan, por su toque anacrónicamente añejo, sus camareras uniformadas con cofia, un jefe de sala impecable y una maître de esas de toda la vida que cuida, con mimo exacerbado, el confort de los comensales.

El local evoca un ambiente de lujo y de aire conservador. Atrae a una clientela de alto poder adquisitivo que acude a este santuario gastronómico de Madrid porque sabe y puede permitirse el disfrutar sobre manteles de hilo de las excelencias de Calidad, con mayúscula, por unos 90 a 100 euros por persona y con chaqueta y corbata, atuendo imprescindible.

Pese a que está de moda la gastronomía revolucionariamente creativa, Javier e Iñaki Oyarbide -hijos de los fundadores del restaurante, Jesús Oyarbide y Chelo Apalategui, también creadores del renombrado Zalacaín- , apuestan por la fórmula de siempre con aires revisados que concibe platos como su celebérrima menestra de verduras de Tudela, considerada la mejor de Madrid, carrillera de ternera, tournedós al vino tinto, bacalao al ajoarriero con langosta, rape con crema de patatas y aceite de oliva y otros en los que las verduras y los guisos de temporada abanderan sus reclamos.

Entre las entradas, insuperable el gazpacho al vinagre de jerez que se distingue por su cremosidad y grado de acidez. Sorprendente la ensalada de judías verdes tiernas y foie gras, presentada en una porción de láminas de vainas entrelazadas por las que se asoman las virutas de hígado de pato y que resulta refrescante y perfecta como primer plato. Fascinante el crujiente de salmón ahumado con patata, cuyas láminas de trigo a modo de oblea no solo determinan la presentación del plato sino que aportan un toque crepitante en el paladar. Pero absolutamente ineludibles a la hora de elegir, las croquetas de bacalao y gambas, una bendición de sabor y textura casi líquida por dentro, que hacen firmar un contrato vitalicio de visitas al restaurante.

Los platos principales mantienen la nobleza de los primeros. La merluza a la romana con pimientos rojos complementa la simplicidad de su receta con una maestría absoluta en la afinación de su rebozado y su cota de fritura. El secreto de cerdo ibérico con salmorejo, patata y rúcula resulta tierno y sabroso; las albóndigas de ternera y cerdo, todo un clásico del local, despuntan por la suntuosidad de su sabor y se acompañan de arroz blanco. Otras propuestas de la carta son el tartare de atún rojo cortado a cuchillo con aguacate y caviar, las alubias, la lengua de ternera con aceitunas, el pichón asado con salsa de licor de calvados y la ternera braseada al vino tinto, entre otras propuestas.

En la carta de postres, congruente con los platos principales, se encuentran dulces clásicos elaborados con una sobresaliente ejecución. Sin duda volvería a degustar la tatin de manzana -un tipo de tarta en la que la fruta caramelizada en mantequilla y azúcar se coloca debajo y la masa encima y se le da la vuelta sobre el plato cuando todavía está caliente-, pero tampoco desmerecen otros postres como la leche frita, los canutillos de crema pastelera o el arroz con leche.

Además del comedor principal en la primera planta, el Príncipe de Viana dispone de otra área en la planta baja denominada El Despacho de Príncipe de Viana, cuyo concepto se inspira en los bistrot, una fórmula de fraccionamiento para los llamados Business lunches, que triunfa en muchos restaurantes de renombre en las principales capitales del mundo.

Con precios más ajustados, ocho mesas, una apariencia algo más informal, El Despacho cuenta con una carta corta pero definida y se ha convertido en un punto de peregrinación a la hora de la comida. Entre sus platos más elogiados realza un menú degustación por 42 euros, la ensalada césar de perdiz en escabeche, el rape a la bilbaína con pimientos del piquillo, la crema de alubias rojas con panceta de ibérico y la sopa Echegárate (caldo cocido concentrado con tropezones de pan y chorizo).